opinión

La Esperanza

Colombia sacogió el sistema de Trump para detener el virus, es decir no hizo nada, y busca antes que nada, como tambien hizo Trump, salvarle el año financiero a algunos amigos del gobierno: los dueños del sistema financiero que ya hicieron su agosto, como si nada pasara, los dueños de Avianca a los que se les permite llenar sus aviones con turistas hastiados de la cuarentena a los que para que acudan en masa, no se les exigirá pruebas de covid

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EDITORIAL

Legalizan el consumo de cocaína, heroína y LSD en dos regiones de Estados Unidos

Opinión

Escrito por: GUSTAVO PETRO

Mientras en Colombia nos adelantan la Navidad para el mes de noviembre, con prima incluída para quienes aún trabajamos con prestaciones sociales, en una medida desesperada para salvar algunas ganancias, dado que ya el gobierno sabe que la pandemia se incrementará en la verdadera Navidad, un subtexto de esta medida invita a gastar ahora porque enfermarán y quizás morirán mañana; el mundo y Colombia no dejan de mirar lo que pasa en EEUU.

¿Es usted desplazado o víctima de la violencia? Por favor escuche el siguiente audio:

Colombia sacogió el sistema de Trump para detener el virus, es decir no hizo nada, y busca antes que nada, como tambien hizo Trump, salvarle el año financiero a algunos amigos del gobierno: los dueños del sistema financiero que ya hicieron su agosto, como si nada pasara, los dueños de Avianca a los que se les permite llenar sus aviones con turistas hastiados de la cuarentena a los que para que acudan en masa, no se les exigirá pruebas de covid, y ahora a las grandes superficies comerciales para que la gente acuda en masa a comprarse un televisor que quizás no usen, porque sin acabar el primer brote de covid, viene con toda la fuerza el segundo, y se llevará enfermos y muertos a muchos de los compradores de televisores con prima adelantada.

Duque dejó enfermar y morir de covid a la población, y no se gastó los recursos para evitarlo.

Tuvimos un gobierno que quizo imitar en todo al gobierno y las políticas de Trump. Fumigación con glifosato, estímulo a la extracción del carbón y el petróleo, negación del cambio climático, bloqueo a países codiciados por su petróleo, destrucción de la paz, prohibicionismo, y hasta supremacía blanca llena de odio contra los pueblos indígenas y negros a quienes estan masacrando.

Trump se había convertido en una gran estructurador de la extrema derecha mundial y había impregnado de neofascismo las conductas de buena parte de la sociedad y el gobierno norteamericano. Había echado para atrás las posibilidades vitales de la humanidad, pero el uribismo se sentía de plácemes y muy cómodo con él.

Gracias a la visión extremista de Trump, Duque podía destruir el acuerdo de Paz, podía destruir y cooptar la justicia, tal como lo hacía el mismo Trump; podía garantizarle a su jefe, la mayor de las impunidades en los mismos EEUU de América.

El uribato estaba de plácemes con el extremismo de derecha en el gobierno de los EEUU, mientras la humanidad temblaba de miedo e ira ante un irresponsable que la condenaba a la extinción ante el cambio climático, o ante la amenaza de aventuras militares.

Ni un mensaje de discordia salió de la boca de Duque, ante la edificación de los campos de concentración llenos de miles de niños latinoamericanos separados a la fuerza de sus padres inmigrantes en la frontera de EEUU con México. Ningún gesto de solidaridad salió de Duque con México y Centroamérica por la construcción de un muro de oprobio.

Ante los insultos raciales de Trump contra los latinoamericanos, el gobierno de Duque y una parte de la sociedad colombiana, sobretodo residente en los EEUU, miraban para otro lado, quizás imaginando que no no eran latinas, sino más parecida a los anglosajones que envidian por su piel blanca, la piel de nuestra clase media en la Florida y de los altos funcionariso del gobierno de Duque aparecía al lado del anglosajón bastante oscura, revelando la realidad de una mentalidad colonizada, mezquina, servil. Eramos capaces de traicionar a nuestros hermanos, a nuestro propio pueblo, con tal de sacarle una sonrisa aliada al presidente del neofascismo de pelo anaranjado.

Trump representaba lo peor de la humanidad y sus políticas iban contra la humanidad, pero el gobierno colombiano lo amaba, la sociedad del odio, lo idolatraba.

Ahora estamos ante una nueva realidad y ante un nuevo contexto mundial.

Escribí que la población colombiana con derecho al voto en el estado de La Florida se había equivocado profundamente al respaldar por influjo de Uribe, a Trump. Era una votación contra sus propios intereses, muy parecida a la de los pequeños y medianos empresarios colombianos que votaron por Duque para que los quebrara, muy parecida a la de los agricultores paperos y cafeteros que votaron por Duque para que él abriera las importaciones de alimentos como nunca antes, muy parecida a la de los santandereanos y llaneros , que votaron por él para que les aprobara el fracking y la minería que pone en peligro el agua de sus territorios, muy parecida a la del pueblo caribeño, al que condenó al incremento más grande de la pobreza del país.

La población de la Florida vive en un territorio que es profundamnete vulnerable al cambio climático, expuesto a huracanes cada vez más fuertes, al incremento del nivel del mar, a una insotenibilidad ambiental que pone en riesgo sus propiedades y vidas si no se detiene el cambio quimico de la atmósfera.

Solo un gobierno en los EEUU profundamente convencido de la catástrofe climática y dispuesto a tomar las medidas pertinentes de mitigación y adaptación, podría llevarle seguridad en el corto y mediano plazo a la población que habita en la Florida.

Pero la mayoría de la población colombiana con derecho al voto, decidió votar por Trump, el que niega el cambio climático, solo porque lo dijo Uribe. Decidió, en lugar de actuar unida y exigir un programa climático real a Biden para asegurar sus casas, hogares y su existir, votar por el que iba en contra de la humanidad.

Perdió la comunidad colombiana una gran oportunidad de determinar en la Florida una victoria para Biden, con un programa climático que los favoreciera, y poner un gobierno al servicio de la paz de Colombia, de su hogar en la madre patria.

Esa derrota política de la comunidad colombiana en La Florida tiene que ver con el seguimiento de un proyecto político que no entiende el mundo: el uribismo.

El uribismo llama a atacar un comunismo que desapareció en el mundo en 1993, llama a luchar contra un castrochavismo cuando tanto Castro como Chávez murieron hace años, llama a luchar por un anacronismo que ya no corresponde a la realidad y los problemas actuales de la humanidad. Cree que vivimos la guerra fría, que Rusia es sovietica. Ni siquiera se da cuenta que la alianza existente entre Putin y Trump tiene que ver con una realidad muy diferente al comunismo, una realidad que hoy se llama petróleo, business. Estúpidamente, el uribismo le hizo perder a Colombia un mercado internacional de alimentos y productos industriales en Venezuela, por no darse cuenta que no hay comunismo en Venezuela, sino un simple cálculo de reservas petroleras controladas o por Trump o por Putin.

No se dió cuenta que la guerra comercial entre EEUU y China no tiene que ver con una guerra contra los tonos amarillos de las pieles humanas, o contra el comunismo, o en defensa del mundo occidental y cristiano, sino que China, Rusia y EEUU hoy son países capitalistas y pelean por negocios de los que no hace parte Colombia.

El uribato ha llegado a tal nivel de ignorancia sobre lo que acontece en el mundo, que no percibe que dos terceras partes de los EEUU han legalizado la Marihuana para fines medicinales y recreativos y aún, prohibe su uso en Colombia, generando el fortalecimiento de las mafias que siempre le han servido políticamente.

El Estado de Oregon, incluso, llegó, por voto popular, a legalizar la cocaína.

Podríamos estar cerca de acabar con la mafia narcotraficante y con tanta violencia generada por ella, a través de la legalización, pero el uribismo quiere seguir hundiendo el país en el marasmo de la sangre. Priorizan que los dineros del narco sigan ingresando en sus arcas.

Esta ignorancia total con lo que pasa en el mundo, llevó a la comunidad colombiana de clase media de La Florida a una derrota política irracional llevada de la mano de los dirigentes empresariales colombianos uribistas en ese Estado.

Pero también ese uribismo ha llevado a Colombia a ahogarse en su propia violencia, en su propia sangre.

Hoy tenemos un gobierno que le apostó con toda al triunfo de Trump, rompiendo incluso con la legalidad internacional, al convertir a su embajador en los EEUU, Francisco Santos en activista de la campaña de Trump. Un intervencionismo político prohibido por las normas internacionales que se extiende a la elección de congresistas republicanas de origen cubano.

Se entiende entonces que la maniobrabilidad de Duque será de ahora en adelante, muy hipócrita, de doble moral, y muy ineficaz.

Tratará Duque de mantener la agenda de Trump, dañina para los intereses nacionales, pero usando el gobierno de Biden.

¿Qué representa la derrota de Trump y el próximo gobierno de Biden? ¿Cómo podría construirse una política colombiana democrática eficaz?

La derrota de Trump representa antes que nada la derrota del mayor estructurador de la extrema derecha en el mundo. Ese es un gran avance. Veíamos crecer un verdadero neofascismo a escala global, del que hace parte el uribismo radical, que podía llevar a la humanidad a una época de gran barbarie. Ese neofascismo seguirá funcionando, pero perdió el gobierno de los EEUU.

El gobierno de los EEUU y en general la política norteamericana, está tomada por los intereses de las grandes corporaciones privadas de ese país, que son de las más grandes del mundo. El choque entre intereses particulares y aspiraciones de la ciudadanía es cada vez más grande. Biden por tanto no transformará grandes lineamientos de la política norteamericana. Esta seguirá girando lenta y pesadamente en un mundo cada vez más volatil y descentrado. Ni siquiera Obama pudo en realidad hacer grandes transformaciones: continuó con la maquinaria de la guerra en el medio oriente, fracasó en su intento de una política audaz para cambiar la matriz energética de los EEUU, política que hundió la Corte Suprema pero que continuaron los Estados progresistas; logró mover el sistema de salud hacia un aseguramiento universal con altísimo rechazo de la derecha que pretende borrarlo del mapa; logró abrir una normalización de relaciones con Cuba, buscando aislar a Venezuela; apoyó el acuerdo de paz con las Farc, en donde puso funcionarios de su gobierno de manera presencial.

Biden fue el vicepresidente del gobierno de Obama y quizás busque profundizar esos senderos trazados por Obama. Dependerá en mucho del cambio de correlación de fuerzas en el Congreso.

Biden por tanto representa hoy esperanza. Eso es lo importante de su triunfo. Es una nueva posibilidad para la humanidad.

En medio de la campaña, todo el establecimiento norteamericano se unió para impedir que Sanders ganara la nominación demócrata, pero de esa competencia interna, surgió la opción de un acuerdo entre la rama progresista y la rama conservadora del partido demócrata. El Green New Deal, el nuevo pacto verde, que fue acordado parcialmente entre Biden y Sanders, y que implica una política más audaz para detener el cambio climático.

Esta es la esperanza que encarna Biden para la humanidad.

Ya Biden ha anunciado cumplir con los acuerdos de París del 2015, Trump había sacado a EEUU de dichos acuerdos. El acuerdo de París es aún, muy conservador para lo que hoy se necesita en términos de detener la emisión de gases invernadero, lo cual implica disminuir sustancialmente el consumo de carbón, petróleo y gas.

La industria ligada a los combustibles fósiles, petroleras, carboneras, estaba al lado de Trump, hoy es una perdedora a escala mundial.

Es aquí donde veo un punto de diálogo sustancial entre Colombia y los EEUU. Un pacto verde entre las naciones que conforman las Américas, podría permitir un relanzamiento de la producción y la prosperidad de Colombia, que en manos del uribismo se hundió con el petróleo y el carbón.

Los EEUU han ensayado mecanismos de mercado para mitigar el cambio climático como los derechos de emisión, que equivalen como bien dice Nordhaus, a las tasas carbón.

Si se construye un mecanismo de mercado de tasas carbón en el comercio de las américas, cosa que podemos hacer unilateral o multilateralmente, podríamos proteger buena parte de nuestra agricultura e industria y desarrollarlas como un modelo económico muy diferente y mucho más positivo al de simplemente exportar carbón y petróleo.

La lucha contra el cambio climático es una oportunidad de crecimiento económico para Colombia precisamente allí donde más lo necesitamos: en las ramas de producción intensivas en la formación de empleo.

Una política de incremento de la producción y el empleo en la agricultura y la industria es la mejor política contra el narcotráfico, la exclusión y la pobreza.

De un pacto verde debe surgir la descarbonización de la economía, tema que el uribismo ni menciona. Descarbonizar la economía es separar progresivamente la producción agraria, agroindustrial e industrial del uso del carbón y del petróleo y sus derivados.

De un pacto verde, debe surgir un fondo para la reforestación intensiva, la protección de la selva amazónica y la del Chocó biodiverso.

De un pacto verde, podríamos establecer las condiciones para una transición de la economía venezolana hacia la producción y por tanto podríamos ayudar a construir un gran acuerdo político para esa transición hecha por la sociedad venezolana sin exclusiones.

El segundo puente de diálogo que se abre con Biden y un gobierno democrático en Colombia, es el cuidado de la paz en el continente. El TIAR debe debe dejar de ser mirado como instrumento de guerra, y debe ser reafirmado como un instrumento de paz regional.

El tercer puente de diálogo tiene que ver con el cambio de la política antidrogas.

Ya las dos terceras partes de EEUU, y la inmensa mayoría de su población han aprobado, por consultas populares, la legalización integral de la marihuana, y el Estado de Oregon aprobó la legalización de la cocaína paso que, de seguro en el futuro, otros estados seguirán.

VIDEO DE LA SEMANA

La Mula del Diablo

Es la decisión del pueblo de los EEUU la que nos da la oportunidad de replantear la política antidrogas actual que ha dejado medio millón de muertos en América Latina, y ha hundido a Colombia en la violencia y la desestructuración democrática.

Esta es la oportunidad de salir de un bache histórico que no nos ha dejado nada, fuera de una larga estela de fosas comunes y destrucción.

Con Biden hay que plantear, desde la dignidad de nuestra nación, la política antidrogas para pacificar el país. El relanzamiento del acuerdo de paz con las Farc, que apoyó Obama, hoy podría contener los elementos de una pacificación real e integral del país. La Paz grande de Colombia que se puede construir con la ayuda de Biden.

Por eso, creo importante alistarnos para un diálogo constructivo con los EEUU, desde las perspectivas del interés general en nuestro país y del de los EEUU.

Ojalá un gobierno de la Colombia Humana sea capaz de adelantar estas metas con el apoyo de la población colombiana.

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