opinión

Folclorismo, ignorancia e idiosincrasia

Es inexplicable nuestra indiferencia frente a la multitud de crímenes atroces y macabros como las violaciones a niñas y niños, los feminicidios; la desbordante corrupción generalizada, sobre todo en el sector público; la inmensa cantidad de pobres y miserables que acuden a los templos en busca de solución a sus necesidades

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OPINIÓN

FOLCLORISMO, IGNORANCIA E IDIOSINCRACIA
Escrito por: EVER VERU COLLAZOS

En américa latina es muy difícil conocer  si todos nuestros países se asemejan en cuanto a sus comportamientos sociales y Colombia por supuesto no es la excepción. Según algunos entendidos, nuestro País,  es un caso por demás muy excepcional:

A sabiendas de que somos uno de los países más desiguales y pobres del mundo,  al mismo tiempo dicen las estadísticas que somos uno de los más felices del planeta.

¿ES USTED DESPLAZADO O VÍCTIMA DE LA VIOLENCIA? POR FAVOR ESCUCHE EL SIGUIENTE AUDIO:

¡ Qué ironía, y que contradicción tan absurda!

Pareciera ser que en medio de nuestra ignorancia hubiésemos sido adiestrados para ser esclavos obedientes, pero al mismo tiempo aguerridos,  sumisos y para completar folclóricos.

Es inexplicable nuestra  indiferencia frente a la multitud de crímenes atroces y macabros como las violaciones a niñas y niños,  los feminicidios; la desbordante corrupción generalizada, sobre todo en el sector  público; la inmensa cantidad de pobres y miserables que acuden a los templos en busca de solución a sus necesidades y hasta donan sus míseros y pingües ahorros y/o el diez 10% de su salario o de sus pocas pertenencias a los insaciables pastores, con el engaño de que mediante dichos sacrificios serán expiados sus pecados en el cielo,  y de esta manera llegaran al lado de DIOS; el cinismo descarado de tenebrosos personajes señalados y acusados de ser corruptos, autores de pavorosas masacres y enemigos de los derechos humanos invitando a marchar contra la corrupción, es decir, contra ellos mismos.

¡Qué paradoja, que ignorancia  por DIOS SANTO!

En otras partes del mundo se convocaría a protestas masivas contra la desigualdad social, contra la corrupción, contra los criminales,  pero aquí son estos mismos quienes invitan a repudiar sus propios delitos.

Si desmenuzáramos o puntualizáramos estas generalidades hallaríamos hechos tan absurdos que deberían avergonzarnos. Por ejemplo, ¿cómo pueden haber personas tan indignas que votan por cualquier candidato, por delincuente que sea, a cambio de un sancocho, de un tamal o un billete? ¿Cómo hay individuos que se oponen a la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Cómo puede haber gente que se embolsilla los recursos públicos destinados a alimentar niños pobres y prefiere dejarlos morir de hambre? Muy a menudo sucede en la costa pacífica Colombiana así como en la Guajira y en otros tantos sitios alejados de la geografía del País, por no decir que en toda Colombia.

Lo anterior, aunado a innumerables  hechos horribles, no lo explica sino la ignorancia en extremo arraigada, la práctica de despreciables conductas medievales, el desconocimiento de las ciencias humanas y sociales, la identidad o empatía de los esclavos con sus amos, una educación de baja calidad que enseña a obedecer y no a pensar y la ausencia de una sana formación política,  cultural, ética  y moral.

Nuestro pueblo gusta de la música, de las novelas, de los realities, de las fiestas y los deportes, en especial del fútbol y del ciclismo. Participamos bailando, bebiendo y peleando en los conciertos de música popular y en los de delinquir, chorreamos babas, lloramos viendo tramas de amor novelescas, le hacemos “honor” a los más reconocidos y mayores delincuentes de la triste y lamentable historia nuestro País,  mirando en masa series televisivas sobre sus macabras vidas, y para completar les hacemos apología, haciendo bautizar con   sus nombres a nuestros hijos recién nacidos, le apostamos a los participantes de los realities,  discutimos y nos enfrascamos en absurdas peleas y conflictos familiares y hasta con nuestros amigos por ello,  y gritamos frente al televisor celebrando los triunfos deportivos de los colombianos y vamos hasta el delirio cuando ganan carreras importantes o anotan goles en los grandes equipos de futbol.

Somos exagerados en todo: en la ignorancia, en el folclor, en la idiosincrasia, en el narcotráfico, en el contrabando, en la mentira, en el robo, en la astucia, en todos los demás “pecados” capitales, en los rezos y en rajar de los vecinos sin reconocer nuestra propia miseria. Ello explica el dicho: “Un colombiano no se vara en ninguna parte”. Pero la peor cualidad que tenemos es nuestra aberrante desmemoria. Aquí olvidamos todo y por eso “Aquí no pasa nada”.

Algunos apartes tomados de la Oreja Rota sección de opinión de fecha 2017-03-24.

Por lo anteriormente expuesto,  por esa misma arraigada  ignorancia, idiosincrasia y  folclorismo enquistado en todos los niveles de la sociedad y desafortunadamente con mayor fuerza dentro de los sectores populares, además de ser los más vulnerables,   hoy la peor pandemia conocida por la humanidad en los últimos años, está enterrando a diario infinidad de personas muchas de las cuales muy a pesar de todas las advertencias difundidas por la OMS, por OPS, por el MINISTERIO DE SALUD Y LA PROTECION SOCIAL DEL PAIS, continúan haciéndose los de la vista gorda y oídos sordos llevando a nuestro golpeada Nación a ser considerada como el sexto País de América con más contagiados por el COVID – 19, según las estadísticas que a diario nos presentan los medios de comunicación. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

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Los amigos y conocidos folclórica e ignorantemente, se molestan, se enojan cuando alguien no les saluda con  la palma de la mano, con el puño o al menos con el codo de su brazo, en señal de amistad o  afecto,  como si desconocieran totalmente que dichas prácticas ignorantes, están  atentando contra la vida misma de todos y llevando a muchos a la muerte, si para completar no implementamos todas las recomendaciones  sanitarias. Un reconocido comerciante y amigo del pueblo me decía que dejara tanta zalamería, como la ven? Si en verdad esa zalamería la aplicáramos y la utilizáramos para bien, ¡cuántas vidas se salvaran!

Muy a pesar de todas las recomendaciones fitosanitarias, el colombiano del común (yo uno más de ellos), no entiende ni ha querido entender de ninguna manera que esta maldita pandemia mata sin distingo de clases sociales, económicas, políticas y culturales. Desafortunadamente hay para todos y en abundante medida o mejor decirlo mata desmedidamente y sin ningún tipo de control.

¿Cuantas personas, en qué porcentaje, cuantos Colombianos más tenemos o tienen que morir en el peor de los casos, para que por fin entendamos y comprendamos que debemos dejar de lado tanta ignorancia, tanto folclorismo, tanto populismo, y enfrentemos en serio y con responsabilidad a este enemigo invisible que aterroriza y mata sin piedad y por igual?

¿Cómo hacerle entender a las personas que el distanciamiento social,  las sanas  y correctas prácticas sanitarias y que el buen comportamiento social, serán las únicas y las más eficaces armas contra este enemigo común de la humanidad entera, más cuando no existe aún una efectiva vacuna para contrarrestarlo?

¿Le dejamos toda la responsabilidad a la precaria y entramada red del sistema integrado de  salud, como si ellos fueran en ultimas los únicos responsables de nuestra salud y de nuestra propia vida, o hacemos algo a tiempo para luego no lamentarnos?

Pongamos en práctica un viejo y reconocido adagio popular “es mejor prevenir que lamentar”. Pareciera que no pasa nada, pero contrariamente nos está pasando de todo y lo peor no queremos verlo,   menos aceptarlo  ni  ayudar a remediarlo.

¡Por su salud, por la mía, por la de todos, por favor  tomemos conciencia!

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