EDITORIAL

Siempre será mejor el medico que salva vidas y no un vulgar matón

Los médicos en cualquier parte del mundo están llamados para salvar vidas y no para cortarlas. Lo sucedido a este profesional en la capital del país, seguramente fue un absurdo "accidente" que él no lo tenía previsto, pero que seguramente deseará que nunca más se repita en su vida

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Aunque no estamos convencidos del todo si realmente fue el medico quien mató a los tres presuntos ladrones que pretendían atracarlo, él carga con esos muertos y esa situación de por sí incómoda para una persona que bajo el juramento socrático pactó salvar vidas y no destruirlas, debe tenerlo en un grado de confusión y arrepentimiento.

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Y decimos que deja dudas porque no se explica uno cómo un medico tiene esas habilidades típicas de un sicario profesional, o para ser más decentes, de un francotirador que apuntó con certeza a sus agresores y los mató. También deja en duda el tipo de arma utilizado por él y que tiene salvoconducto. ¿Revolver, pistola? Si fue la primer arma mencionada, solo tiene seis tiros, con lo que uno deduce que a cada uno le propinó de a dos, pero con mucha precisión para dejarlos muertos en el sitio. Y si fue la segunda, generalmente tiene nueve cartuchos y entonces parece más seguro pues para un buen tirador, para no decir sicario, dispara seis cartuchos, en teoría dos a cada objetivo y deja tres de reserva, por si se necesita enfrentar otro objetivo, o para rematar si es del caso. En cualquiera de las circunstancias, repito, el Galeno debe haber recibido entrenamiento en el uso de armas de fuego pues lo hizo con suma precisión.

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De inmediato recibió todo tipo de felicitaciones e incluso hasta la misma alcaldesa de Bogotá salió a decir que lo hizo en legitima defensa. También el Juez de Garantías que estudió el caso se basó en el mismo criterio para dejarlo en libertad, aunque son tres los muertos y no uno como suele suceder cuando se aplica el principio de la legítima defensa. A esto en el Derecho Internacional Humanitario se califica de masacre. Pero claro está que estamos en Colombia, donde desde hace seis décadas estamos acostumbrados a ver masacres perpetradas por guerrillas y para-militares.

En una sociedad que ha llegado a los extremos de lamentar más la muerte de un canino que de un ser humano, es comprensible la lluvia de elogios, admiración y hasta envidia por haber actuado de esa forma. Y no faltan quienes piden que este señor sirva de ejemplo, como si los homicidios que a diario se registran a lo largo de la geografía nacional no fueran suficientes para pedir más asesinatos.

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También han surgido las voces de quienes tienen la creencia que el libre porte de armas de fuego constituye la salvación para contrarrestar la delincuencia que azota a diario el país. Ignoran estos soñadores del mal, que en muchos estados de los Estados Unidos, debaten sobre la necesidad de prohibir el uso de armas de fuego pues las masacres de personas a diario son horrorosas, sobre todo cuando lo hacen en escuelas y colegios, y son los menores de edad las víctimas de estos psicópatas.

Bastantes grupos armados hay en Colombia, bastantes sicarios andan sueltos y otros permanecen ocultos en las mismas fuerzas del orden como para que se legisle sobre el porte o no de armas de fuego por parte de la sociedad civil. Como dicen los creyentes: Dios nos libre de semejante aberración.

Los médicos en cualquier parte del mundo están llamados para salvar vidas y no para cortarlas. Lo sucedido a este profesional en la capital del país, seguramente fue un absurdo “accidente” que él no lo tenía previsto, pero que seguramente deseará que nunca más se repita en su vida.

Siempre será mejor tener profesionales de la salud que se ocupen de salvaguardar la vida de los humanos, que verlos caer en los precipicios horrorosos del crimen.

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