INFORME ESPECIAL

La gazapera de los herederos del periodista Edgar Artunduaga Sánchez

Marcela Bobadilla Mosquera, quien acompañó al polémico periodista Edgar Artunduaga en sus últimas batallas, narró otros detalles desconocidos que originaron su abrupta salida de Huila Stéreo, la empresa que ayudó a posicionar

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Marcela Bobadilla Mosquera, el último amor del fallecido periodista Edgar Artunduaga, fue despedida sin compasión. Incluso con amenazas.

“En ningún momento me solicitaron hacerme a un lado de Huila Stéreo. Como empleada tenía unos derechos laborales y me fueron vulnerados en su totalidad”, afirmó Pachela.  “Además, me tocó desocupar la oficina ante la amenaza de que mis cosas iban a ser tiradas a la calle”, afirmó con voz entrecortada.

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El conmovedor relato, hasta ahora desconocido, muestra otra dramática historia que comenzó el 25 de junio pasado, cuando un infarto traicionero le arrebató la vida. Y por supuesto, el fin de otra historia aún más desconocida que Artunduaga venía padeciendo para salvar la empresa.

“No sabe el dolor y la humillación a la que me vi sometida”, afirmó Pachela. Estimó que se sintió maltratada por el joven abogado, quien asumió las riendas de las tres estaciones, en representación de sus otras dos hermanas.

“No quiero sentirme víctima, pero no puedo quedarme callada soportando ese atropello”. Y menos cuando ella compartió los últimos once años con el polémico comunicador fallecido en plenas fiestas del San Pedro, que disfrutaba a plenitud.

Durante este tiempo no sólo fue su confidente. También su guía espiritual. Con ella compartió todos sus éxitos y victorias.  Artunduaga era la estrella pero Pachela era su manager.

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De hecho era el soporte para sobreponerse a las dificultades. Su habilidad para los números la llevó a ser la gerente de Todelar. Antes lo había hecho en Radio Santa Fe y en otras empresas editoriales que Artunduaga emprendió

Con ella también enfrentó las tormentas que suscitaba cada denuncia. “Edgar no casaba peleas, solo denunciaba cuando tenía las evidencias, era un investigador riguroso, sin pelos en la legua para decir lo que decía, así le doliera al que le doliera, pero no casaba peleas por casar peleas”, recalcó. Por eso salió en su defensa y le replicó a Andrés.

El retiro

A pesar de las distancias que conservaron con los herederos existía una disciplina de respeto. Muerto Edgar esa relación hizo crisis. Y terminó, de la manera menos esperada.

“La empresa me adeuda un año y medio de salarios, la liquidación, las cesantías. Lo acepté por todos los gastos que demandaba el funcionamiento del sistema”.   Aun así, sin ningún preaviso, sin un acuerdo, sin una notificación fue separada, abruptamente. “Mis derechos laborales fueron vulnerados, también mi dignidad”, replicó.  “Sin Edgar pensaba renunciar pero nunca me imaginé que sería así, atropelladamente”, confesó.

La decisión la tomó Andrés Mauricio Artunduaga, quien asumió la dirección general y la representación legal de la empresa radial. En su criterio, la relación contractual no concluyó en malos términos. Pachela lo desmintió.

Relación tormentosa

“Efectivamente los hijos son los dueños de las emisoras. La hija mayor nunca quiso trabajar y mientras pudo económicamente Edgar le  consignaba. Con Vanessa el trato fue amoroso, en cambio con Andrés, siempre trató de ser amable y él fue su problema: rebelde, altanero y abusivo. Edgar no tenía relación con él. Tanto así que ni siquiera fue a su matrimonio. La relación estaba cortada”, confesó.

Los otros dos herederos, Guillermo Artunduaga Reyes y Fabián Artunduaga Villalobos no clasificaron.

Pachela admitió que la empresa radial no lograba su punto de equilibrio. Por el contrario, el apretón económico era severo, lo mismo que los gastos para el sostenimiento de las tres emisoras. El montaje de los nuevos estudios, la renovación de los equipos, la repotenciación y modernización de los sistemas de transmisión comprometieron todo patrimonio.

Cuando Edgar entregó en arrendamiento sus emisoras a Caracol lo hizo con equipos y frecuencias. Solo que cuando retomó el dominio, Caracol, le devolvió los mismos equipos que diez años después resultaron obsoletos. “Modernizarlos se convirtió en otra obsesión que venía realizando despacio pero con pie firme. Por eso tuvo que endeudarse y salió de algunos bienes como su oficina en Bogotá”, confesó la señora Bobadilla.

Los aprietos

“La situación de las emisoras es precaria: ingresos de cinco millones por mes, cuando son muchos. Obligaciones financieras, obligaciones con terceros por más de 300 millones, Sayco y Acinpro pendientes de pago desde que Caracol las devolvió”, aseguró Pachela.

“Sinceramente eso mató a Edgar Artunduaga. La preocupación permanente: había vendido todo lo que tenía para sacar adelante la empresa. Ese era su sueño y creía que podía sostenerse”, acotó.

El estrellato

Pero no se rendía. Estaba ilusionado y como hombre de radio aspiraba a dominar el dial con los mejores. No aceptaba el segundo puesto, siempre quiso ser el mejor y tener a los mejores en su equipo. “Las estrellas de la radio”, su slogan, no era un invento, era la cúspide de sus sueños.

Sin embargo, no alcanzó a vivir para disfrutarla. Año y medio después de haber regresado para hacer realidad ese sueño, su voz se apagó definitivamente. Su partida sorpresiva no estaba en la planilla.

Escrito por: RICARDO AREIZA SANDOVAL. Información tomada por cortesía del diario LA NACIÓN del Huila.