INFORME ESPECIAL

Encontraron el cuerpo sin vida del niño desaparecido en Pitalito

La búsqueda terminó y un hálito de consuelo llenó el corazón de la familia Murcia Becerra, porque ahora podrán hacer el duelo frente al féretro del pequeño, sobre el cual dejarán salir todo su dolor, su angustia, y con sus lágrimas cubrirán las tablas del ataúd, que finalmente serán llevados al cementerio, donde descansará en paz, terminando así el sufrimiento de un niño, que como cientos de miles en Colombia, viven y crecen sin tener una esperanza para su futuro incierto,

INFORME ESPECIAL

Kevin Steven Murcia Becerra, niño ahogado

Conmovedoras escenas de dolor, llanto y tristeza se vivieron la mañana del martes 04 de junio, cuando personal del Ejército Nacional, Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Pitalito, y demás organismos estatales de rescate, encontraron el pequeño cuerpo de Kevin Steven Murcia Becerra de 10 años de edad.

La incertidumbre para la humilde familia Murcia Becerra, que viven en condiciones inhumanas a orillas de la quebrada Cálamo, comenzó la noche del viernes 31 de mayo, cuando Kevin se precipitó a las turbias y contaminadas aguas de este afluente que atraviesa de Oriente a Occidente la ciudad de Pitalito, mientras jugaba con otros amigos de su edad.

De inmediato, los organismos de control, Policía Nacional y personal del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, realizaron un primer rastreo por orillas y el interior del mismo lecho de la quebrada, sin resultados positivos. El operativo se suspendió a las diez de la noche.

El sábado 02 de junio, desde las cinco y treinta de la mañana, se reanudó la angustiosa búsqueda, la misma que concluyó entrada la noche sin resultado ninguno, prolongando el dolor y la incertidumbre de la familia y amigos, y de toda la comunidad laboyana que se asomaban sobre las oxidadas barandas del viejo puente, cuyo paso peatonal ha sido testigo de innumerables atracos por parte de delincuentes contra decenas de transeúntes que a diario pasan por allí. Sitio peligroso, donde a la orilla del otro costado de la quebrada de donde cayó el niño, viven personas adictas a las drogas duras, marginadas de la sociedad, del estado, conviviendo con los olores nauseabundos que emanan de la contaminada quebrada, sin que nadie se apiada de ellas.

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Los días domingo y lunes, las unidades de Bomberos, Policía y recurso humano de la oficina de Gestión de Riesgos, continuaron buscando aguas abajo y aguas arriba, en un rastreo que parecía interminable para tratar de encontrar el cuerpo del menor, pero los resultados continuaron siendo negativos.

El lunes hizo presencia el alcalde municipal Miguel Antonio Rico Rincón, lo mismo que otras autoridades de la administración para hablar con la familia, dar un saludo de consuelo y prometer que todo el establecimiento estatal estaría en marcha hasta lograr el objetivo: recuperar el cuerpo de Kevin Steven Murcia Becerra.

Mucha gente, entre quienes se cuentan algunos políticos, visitaron los cambuches donde viven varias familias, entre ellas las del niño Kevin, y allí pudieron evidenciar las condiciones infrahumanas en que residen estas personas, entre quienes se cuentan niños, adultos mayores y mascotas que estoicamente residen allí sin más esperanzas que sus creencias religiosas.

Desvencijadas viviendas elaboradas en madera, guadua, latas y cartones, construidas en zona de alto riesgo, a pocas cuadras del centro de la ciudad, son el hábitat de familias marginadas por la sociedad y el establecimiento, para quienes no ha existido ningún programa de reubicación, ni han habido comités de derechos humanos que hagan valer sus derechos fundamentales, sociales y ambientales, y que solo gracias a esta fatídica tragedia muchos habitantes de Pitalito se dieron cuenta de la magnitud del desprecio humano, la desidia de los políticos, y del establecimiento.

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Fue el martes en horas de la mañana, cuando gracias a las labores de unidades del Ejército Nacional acantonado en el Batallón de Infantería No 27 Alto Magdalena, ayudaron a despejar una palizada a un lado del lecho de las lentas aguas de la quebrada, y allí estaba el pequeño cuerpo, morado, tieso, del pequeño Kevin.

La búsqueda terminó y un hálito de consuelo llenó el corazón de la familia Murcia Becerra, porque ahora podrán hacer el duelo frente al féretro del pequeño, sobre el cual dejarán salir todo su dolor, su angustia, y con sus lágrimas cubrirán las tablas del ataúd, que finalmente serán llevados al cementerio, donde descansará en paz, terminando así el sufrimiento de un niño, que como cientos de miles en Colombia, viven y crecen sin tener una esperanza para su futuro incierto, y donde a veces morir constituye una salida decorosa para liberarse de la miseria y el desprecio de una sociedad cruel e indolente, y unos políticos inescrupulosos que poco les importa su pueblo.

La foto de portada es una imagen de apoyo.