INFORME ESPECIAL

La masacre del Huila que deja muertos un niño de tres años y su padre

Varios desconocidos, dicen los temerosos vecinos que vieron tres, descendieron de motocicletas de alto cilindraje y sin mediar palabra, dispararon de forma demencial, primero contra el bebé. El pequeño cuerpo rodó varios metros producto del los fuertes impactos de bala y quedó en medio de un matorral, muerto, sin siquiera emitir un grito de dolor

INFORME ESPECIAL

Jair Yépez Roso, el padre del pequeño angelito Yorlan Jair Yépez Murcia de 3 años de edad, montó a su hijo en la motocicleta y bajó trabajosamente el camino que de la casa donde funciona un Bienestar Familiar, conduce hasta la deteriorada carretera terciaria. Su compañera sentimental Marcela Malena Murcia, bajó caminando pues el escarpado tramo podía causar un accidente si todos tres montaban el vehículo. Siempre que iban todas las tardes, cerca de las seis a ese lugar a recoger a su pequeño, realizaban la misma rutina.

Jair Yépez, Marcela Malena Murcia y el pequeño Yorlan Jair

Pero la trágica tarde del martes 19 de marzo todo cambió en cuestión de segundos. Varios desconocidos, dicen los temerosos vecinos que vieron tres, descendieron de motocicletas de alto cilindraje y sin mediar palabra, dispararon de forma demencial, primero contra el bebé. El pequeño cuerpo rodó varios metros producto del los fuertes impactos de bala y quedó en medio de un matorral, muerto, sin siquiera emitir un grito de dolor. Pero los crueles verdugos dispararon nuevamente contra el pequeño para asegurar que muriera.

En cuestión de segundos continuaron disparando sus armas contra la humanidad de Jair y Marcela. Esta última corrió hacia el matorral donde estaba su pequeño hijo, pero allí cayó gravemente herida. Jair, el padre, también corrió unos metros por un sendero, pero las balas asesinas doblegaron su cuerpo y quedó tendido en la mitad del camino, mientras el líquido purpura comenzó a manar de su cuerpo.

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Fue como truenos que sonaron en la tarde que ya languidecía, mientras la oscuridad comenzaba lenta a cubrir los arbustos que surcan la casa donde funciona la casa de la madre comunitaria que cuida los niños.

Los vecinos horrorizados escucharon el ronco sonido de los motores de las motocicletas que emprendieron la huida, llevando los crueles asesinos cuya mente perversa no tiene límites para matar, sin distinguir edades ni sexo.

Cuando los vecinos temerosos salieron de sus viviendas, todavía el humo de la pólvora se mezclaba con el de los motores de los ruidosos vehículos, dejando un extraño olor a muerte y desolación. Auxiliaron a Marcela, llevándola de inmediato al Hospital local del centro poblado de Suaza, done debido a la complejidad de sus heridas fue remitida hasta el Hospital San Vicente de Paúl de la ciudad de Garzón. Su pronóstico es reservado.

Centro poblado de Gallardo Suaza

Los hechos tuvieron lugar en el sector de La Mongona, jurisdicción de la Inspección de Gallardo, un lugar muy conocido en el sur del Huila y el país por ser sitio de peregrinación religiosa, toda vez que allí se venera a Nuestra Señora de Aránzazu, que según sus devotos dan testimonio de muchos milagros realizados.

En los protocolos de las mafias siciclianas, los criminales tenían un código de honor que inculcaban a los sicarios a sueldo: “ni mujeres, ni niños”. Esas mafias, en medio de la ferocidad de su guerra, respetaban las mujeres y los niños, y no permitían que nadie los asesinara, así fueran familiares de sus víctimas.

Niños y adultos, víctimas de la masacre de San José de Apartadó en 2005

En Colombia la crueldad de los demenciales asesinos no tiene códigos de ética ni honor. Basta recordar cuando grupos para-militares al mando de Carlos Castaño, incursionaron el 21 de febrero de 2005, asesinando ocho personas, entre ellas tres niños en el campo de fútbol de San José de Apardó Antioquia. A los niños los decapitaron delante de sus padres con filosos machetes y posteriormente hicieron lo mismo con sus progenitores. Pero como si esta crueldad y sevicia fuera poca, después comenzaron a jugar fútbol utilizando las cabezas de las criaturas.

Los hermanitos Vanegas Grimaldo, asesinados en 2015

También recordamos con profundo dolor la horrible masacre perpetrada contra la familia Vanegas Grimaldo, la noche del 04 de febrero de 2015, en la vereda El Caraño, jurisdicción del municipio de Florencia Caquetá, donde asesinos a sueldo mataron sin misericordia a cuatro niños, dos de sexo masculino y dos niñas. Por fortuna, el propio presiente de la república Juan Manuel Santos solicitó con vehemencia que este crimen no quedara en la impunidad, y esa orden logró que capturaran, judicializaran y condenaran los culpables.

Frente a este horrendo crimen del niño Yorlan Jair de tres años, de su padre y del intento de homicidio contra su madre, debemos pedir contundencia de parte de las autoridades judiciales. No debe quedar en la impunidad, ningún crimen debe quedar impune, pero cuando se trata de la vida de un niño de esa edad, no debemos escatimar esfuerzos para dar con el paradero de los criminales. Capturarlos y llevarlos a los estrados judiciales para que reciban las máximas penas por semejante delito.

Coronel Juan Carlos Restrepo Moscoso

El coronel Juan Carlos Restrepo Moscoso, comandante del departamento de Policía Huila, ha manifestado que se ha conformado una comisión especializada, conjuntamente con la Fiscalía General de la Nación, para dar con el paradero de los asesinos. La ciudadanía del sector de Gallardo, de Suaza y de todos los lugares aledaños, debe colaborar sin temor con las autoridades para que ayuden a denunciar la identidad y el paradero de estos criminales. Alguien debe saber, y debe haber recompensa para ayudar a clarificar este crimen.

Los ciudadanos no deben escatimar esfuerzos para ayudar en la búsqueda, porque así como hoy esos malvados asesinaron esta familia, cualquier día volverán por otra de las que residen en esos lugares. Estos criminales no deben andar sueltos porque constituyen un peligro para toda la sociedad. Deben terminar tras las rejas por muchos años. De lo contrario, más adelante lamentaremos nuevas consecuencias.