EDITORIAL

La telenovela sobre Venezuela

Trasmitiendo en vivo y en directo, como si se tratara de un partido de fútbol, segundo a segundo, repiten imágenes sobre pequeños disturbios para generar tensión en el televidente, crispar sus nervios y luego alimentar el odio hacia el régimen que gobierna Venezuela

EDITORIAL

El filósofo Enrique Dussel define muy bien los procesos políticos latinoamericanos, calificando nuestras democracias de meros fetiches para engañar al pueblo, mientras desde otros ángulos se manejan los hilos del poder.

El gobierno de Estados Unidos, a la par con sus socios europeos, conjuntamente con un sector desprestigiado de la oposición venezolana, han elaborado un gobierno de papel, utilizando la figura pintoresca y novelesca de Juan Gauidó, haciendo creer al mundo incauto y manipulado que es el nuevo presidente de los venezolanos. Figura física que si ustedes la comparan con las imágenes del ex presidente Hugo Chávez cuando era joven, se asemeja de forma sorprendente. Claro, los constructores de imágenes mediática saben muy bien que en la psiquis del pueblo venezolano tienen viva la imagen de Chávez, y de alguna manera quieren decirle a ese pueblo que Guaidó es el nuevo mesías, el nuevo Chávez que salvará su patria.

La telenovela que vive hoy el pueblo venezolano constituye el despliegue más costoso que registre la historia reciente sobre el manejo mediático de los grandes medios de comunicación, escritos, radiales, visuales y redes sociales del mundo capitalista, previamente alquilados, bien pagados, principalmente por el gobierno de los Estados Unidos a través de sus agencias de imagen, para tratar de derrocar un régimen.

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Si bien no se puede negar la difícil situación que vive una gran parte de los venezolanos por la aguda crisis económica, lo que realmente interesa al gobierno de Estados Unidos y sus socios europeos con la estratégica ayuda humanitaria que pretenden ingresar a la fuerza por la frontera colombiana y brasileña, no es precisamente paliar el hambre de este pueblo, sino las enormes reservas de petroleo que durante casi dos década no han podido esquilmar.

Hasta ahora están utilizando la llamada Guerra de Cuarta Generación, que consiste en utilizar los grandes medios de comunicación, por lo general propiedad de grandes conglomerados económicos, y fletados por agencias internacionales, para crear un drama novelesco sobre la crisis venezolana.

Trasmitiendo en vivo y en directo, como si se tratara de un partido de fútbol, segundo a segundo, repiten imágenes sobre pequeños disturbios para generar tensión en el televidente, crispar sus nervios y luego alimentar el odio hacia el régimen que gobierna Venezuela. Luego repiten imágenes de algunos guardias desertores que llegan a Colombia y son recibidos como héroes por la turba, que en su mayoría son colombianos con doble ciudadanía, es decir, venezolana y colombiana.

Así tratan vanamente de desmoronar un régimen, que se asemeja bastante a la campaña mediática desatada contra el régimen sirio de Bashar al-Ásad, que durante siete años trataron de derrocar, pero al no lograr su objetivo, el gobierno de Donald Trum decidió retirar las tropas estadounidenses y dejar quieto al régimen, dejando atrás el más grande genocidio de los últimos tiempos.

El gobierno del presidente Duque, desprestigiado en nuestro país, de manera irresponsable participa en esta arriesgada aventura, como convidado de piedra, no para ayudar al pueblo venezolano, sino para tratar de levantar su alicaída imagen de inepto, que pretende imponer impuestos a diestra y siniestra, traer el fracking, ocultar el genocidio contra los líderes sociales, que a diario caen víctimas de las balas asesinas. La historia le cobrará su actitud mediocre y sus ínfulas de guerrerista, digno representante de su mentor, el señor Uribe.

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