EDITORIAL

El peligro se ser periodista

La intolerancia de hordas fanáticas, políticos, industriales y empresarios corruptos, a quienes no conviene un periodismo libre, independiente, que socava sus ansias de poder, disminuye sus ganancias financieras, o se burla de sus estupideces, hace que estos grupos opten por callar al periodista

EDITORIAL

En el día del periodista recibimos muchos mensajes de felicitaciones, invitaciones y regalos. Pero lejos están muchos de saber que el ejercicio de esta noble profesión, que algunos analistas, sociólogos y filósofos, catalogan como el Cuarto Poder, tomando como referente los principios filosóficos de Rousseau, Montesquieu y Voltaire, sobre los cuales se edificaron las democracias occidentales, es hoy uno de los oficios más peligrosos del mundo.

Pocos son los países donde ejercer esta profesión no constituye sinónimo de censura, silencio y hasta la muerte. Ni siquiera en Europa, cuna de los derechos Humanos, deja de ser una zona peligrosa. Basta recordar el brutal asesinato de los periodistas y caricaturistas del periódico satírico francés Charlie Hebdo, ocurrido en París el 7 de enero de 2015; o el terrible atentado terrorista en el que perdió la vida la periodista Daphne Caruana Galizia el 17 de octubre de 2017 en Malta.

La intolerancia de hordas fanáticas, políticos, industriales y empresarios corruptos, a quienes no conviene un periodismo libre, independiente, que socava sus ansias de poder, disminuye sus ganancias financieras, o se burla de sus estupideces, hace que estos grupos opten por callar al periodista, utilizando diferentes formas de guerra sucia.

Y ni qué decir de lejanas provincias, donde los intolerantes son mayoría y se consideran intocables, frente a a una minoría de librepensadores, donde recurren a la amenaza en todas sus formas para tratar de callar al periodista independiente.

En Colombia particularmente el ejercicio del periodismo libre está amenazado desde distintos frentes. La censura oficial de los gobiernos de turno, que valiéndose del poder estatal tratan de callar a quienes se atreven a investigar, denunciar y criticar sus actuaciones. Los políticos de todo pelambre que se consideran intangibles, y amenazan con demandas, recurriendo a veces al costreñimiento cuando ejercen algún puesto, así este sea de baja categoría. Y en no pocas ocasiones recurren al asesinato como el recurso más eficaz para silenciar. Todas estas formas de amedrantar al periodista libre e independiente, hacen de esta una profesión peligrosa.

No obstante el riesgo de ser periodista, no doblegará a quienes consideramos un deber el ejercicio de esta profesión en aras de informar y divulgar el accionar diario de los aconteceres de nuestra sociedad y el país.